Autores: Santiago Barbín, Tomás Deverill.
Un ícono para El Palmar de Entre Ríos.
En medio de un creciente deterioro, cada vez más se hace necesaria la presencia de una imagen en el área que atraiga al público e incremente los ingresos para el parque.
En ese plan es que se ideó componer una imagen icónica que diera carácter y una nueva presencia dentro del circuito turístico internacional.
Implantado directamente en el centro estratégico del territorio, se ubica un edificio de forma fácilmente asociable, con una fuerte impronta sobre el paisaje, pero que la vez lo respeta y por momentos reafirma su carácter único.
¿Un ícono público o privado?
Ante la imposibilidad de definir a qué mundo debía responder el edifico, es que se decidió por responder a ambos, cada una con su carácter y sus necesidades y englobarlas en un mismo volumen.
Encastradas entre sí las funciones principales, se encierran las privadas y se abren las públicas. Conectadas las primeras por un núcleo, frio y cerrado, que une las habitaciones del subsuelo con los laboratorios en el tercer piso. Y las segundas por una rampa, símbolo emblemático de la promenade, que invita a recorrer el edificio disfrutando de las maravillosas visuales, para rematar en el mirador/aviario y presenciar el espectáculo del atardecer rodeado de espacies regionales.
Un hotel, un apart hotel, una galería comercial y oficinas de alquiler; y dimensiones y forma de un terreno único.
Con estas dos condicionantes el problema se resolvió con una torre hibrida, en la cual todos los programas se superponen uno sobre el otro.
Este tipo de edificio busca relaciones íntimas, inesperadas, e impredecibles, fomenta la coexistencia de unas con otras, y es consciente de que las situaciones no programadas son clave para su propio futuro. Una búsqueda continua de la retroalimentación entre la esfera privada y la esfera pública. Un edificio de jornada continua.
Un entorno de torres vidriadas que oscilan entre los noventa y ciento treinta metros de altura, en el sentido norte-sur, y la típica manzana hiper-densificada de Buenos Aires de principios del siglo XX, en sentido este-oeste.
El programa se resuelve en una torre de 142 metros, por encima de todas las que hay en la zona, a manera de remate y notoria presencia en el paisaje. El edificio, como hibrido, no está sujeto a la indiferencia, su sentido es producir impacto en el observador. A la vez se mantiene en contacto constate indirecto con su entorno mediato, mediante un trabajo de fachadas, que se adaptan a las diferentes funciones. Un “monstruo urbano de una raza nueva y generosa”.
La ciudad de Buenos Aires y su eterno rechazo al agua. A lo largo de los años la costa de la ciudad se vio afectada por un boom inmobiliario, que produjo una desconexión visual entre el peatón y el Río de la Plata.
En respuesta, la parte más pública del edificio se eleva por arriba de los veinte metros. Dejando, por arriba la parte más privada, y por debajo la semi-pública y un gran espacio urbano. A la vez, el centro comercial se propone como mirador de 360º ubicado por encima del entorno inmediato, abierto las 24 horas para los clientes del edificio, y los transeúntes ocasionales.
Una ciudad que se contiene a si misma sin desconectarse de la dinámica urbana que lo rodea.
Una facultad es una institución encargada de impartir conocimiento, cultura, a aquellos interesados en recibirla.
Tratándose de un país como Argentina, en el cual la deserción escolar es cada vez mayor, cómo se hace un edificio que invite a la gente a estudiar; a recibir cultura.
A partir de esta pregunta, la respuesta fue confeccionar un edificio que se destaque por sobre el entorno, pero que a la vez mantenga un respeto por el mismo.
Edificio hito.
Una forma irregular, casi escultórica, que alberga el total de las aulas teóricas y remata en el aula magna. Acompañado por una circulación continua que recorre la forma desde su inicio en la planta baja hasta la entrada del aula magna. Esto es así porque este tipo de programa es mucho más estanco, con menos posibilidades de transformarse en otra función.
La misma se sostiene, en parte con la estructura principal del edificio, pero además se alojan dos columnas huecas que cambian su forma a medida que crecen. A partir de estas es que se cuelga el resto de la estructura en forma de cáscara que recubre la totalidad de la forma.
Una forma regular, un cubo perfecto, da lugar a la ubicación del resto del programa susceptible a cambios en el tiempo, de reubicación de actividades en un futuro.
El mismo se organiza alrededor de tres vacíos y un puñado de circulaciones verticales, capaces de guiar naturalmente a un estudiante a todos los rincones del edificio.
En la planta baja se ubica el estacionamiento y el sector del personal, en el primer piso todo lo referido a la administración, en el segundo (nivel de acceso) está el programa más público, en el tercero los talleres, en el cuarto todo el espacio para el jury, y en el quinto piso la biblioteca.
De la suma entre estas dos formas es que nace el conjunto edificio, regido por el contrapunto.
Edificio consciente.
El solar, situado en una de las esquinas con más importancia metropolitana de Capital Federal, proponía una ubicación de fácil acceso, para el caso de la intersección de las avenidas Alte. Brown y Patricios. Pero una facultad de arquitectura no es suficiente programa para semejante esquina. Por lo que se optó por llevar el edificio contra el “monoblock”, pero manteniéndolo sobre una de las avenidas; por practicidad de accesos colectivos y escala de transición desde el Parque Lezama.
Una de las principales características del barrio de La Boca, sin duda, son los conventillos, y a su vez estos de caracterizan por sus intrincados “sistemas” de patios interconectados. Tal aspecto se ve reflejado en los tres vacíos antes mencionados que en vez de estar ubicados sobre un mismo plano tierra, se encuentran a diferentes alturas, permitiendo su uso en las tres dimensiones recorribles.